Un Tudor en
el cuarto con figuras
David Cox
Esta obra dotada de signos y
gráficos sugestivos, que revelan a un artista interesado en las interrelaciones
de lo real y lo mágico, desde su propia óptica del arte.
La pintura suscita y enfatiza una
complicidad entre el hombre y sus sueños, estimula asociaciones y promueve
comportamientos de respuesta, que van más allá del simple reconocimiento de la
figura o del objeto, para auscultar el latido fluyente de lo emocional.
La virtual imposición de lo
abstracto y místico no sólo se plasma en el dinamismo del dibujo sino, también,
en el consciente empleo del color. Cox ha renunciado, casi, al juego policromo,
para reducirse a marcadas tonalidades que cumplen una función envolvente con
relación a la figura. Grandes áreas de blanco, azules, rojos, verdes, negros y
amarillos generan la atmósfera que sus personajes. Estos tonos dominantes son oscuros
y claros llenos de energía. El pintor con sapiencia reduce a contadas formas,
líneas y sombreados que coadyuvan a su
dinamismo.
Imágenes
que se entrelazan y desenlazan en la mente de quien la mire; entrelazan y
desenlazan ira, belleza, ausencia, surrealismo, lucha y misterio. Imaginario de
figuras místicas que entretejen divinidad en inmensos lienzos. Formas
que inspiran deseo de libertad.
En muchos cuadros de diversos
artistas he visto, condensados y aprisionados en esos lienzos la historia del
hombre y del planeta, no como fríos relatos policromos, sino como incandescentes
terrores de un pasado y de un futuro incierto que tampoco podemos suponer qué
desenlace tendrá.
En realidad considero peligrosa
la pintura. Su peligro responde a un nuevo medio de expresión que comienza a transformar:
los muros ciegos, penumbrosos, impregnados de colores apagados, estallando en
fantasías de brillante policromía. La expresión de asombro ante el arte de la
luz se confundía peligrosamente, para Cox con la expresión física del éxtasis místico.
La pintura habla igual que la palabra y a veces más fuerte,
más reciamente. Ser pintor es ser poeta, es ser filósofo, es preguntarle al
mundo: “¿Por qué el ser y no la nada?”
Para ver la pintura
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