jueves, 26 de abril de 2012



Un Tudor en el cuarto con figuras

David Cox


Esta obra dotada de  signos y gráficos sugestivos, que revelan a un artista interesado en las interrelaciones de lo real y lo mágico, desde su propia óptica del arte.

La pintura suscita y enfatiza una complicidad entre el hombre y sus sueños, estimula asociaciones y promueve comportamientos de respuesta, que van más allá del simple reconocimiento de la figura o del objeto, para auscultar el latido fluyente de lo emocional.

La virtual imposición  de lo abstracto y místico no sólo se plasma en el dinamismo del dibujo sino, también, en el consciente empleo del color. Cox ha renunciado, casi, al juego policromo, para reducirse a marcadas tonalidades que cumplen una función envolvente con relación a la figura. Grandes áreas de blanco, azules, rojos, verdes, negros y amarillos generan la atmósfera que sus personajes. Estos tonos dominantes son oscuros y claros llenos de energía. El pintor con sapiencia reduce a contadas formas, líneas  y sombreados que coadyuvan a su dinamismo.

Imágenes que se entrelazan y desenlazan en la mente de quien la mire; entrelazan y desenlazan ira, belleza, ausencia, surrealismo, lucha y misterio. Imaginario de figuras místicas que entretejen divinidad en inmensos lienzos.  Formas  que inspiran deseo de libertad.

En muchos cuadros de diversos artistas he visto, condensados y aprisionados en esos lienzos la historia del hombre y del planeta, no como fríos relatos policromos, sino como incandescentes terrores de un pasado y de un futuro incierto que tampoco podemos suponer qué desenlace tendrá.

En realidad considero peligrosa la pintura. Su peligro responde a un nuevo medio de expresión que comienza a transformar: los muros ciegos, penumbrosos, impregnados de colores apagados, estallando en fantasías de brillante policromía. La expresión de asombro ante el arte de la luz se confundía peligrosamente, para Cox con la expresión física del éxtasis místico.

La pintura habla igual que la palabra y a veces más fuerte, más reciamente. Ser pintor es ser poeta, es ser filósofo, es preguntarle al mundo: “¿Por qué el ser y no la nada?”

Para ver la pintura ingresen al siguiente link:

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