jueves, 31 de mayo de 2012

Taringa


La Justicia procesó a Taringa! por violar la propiedad intelectual

Declararon ser los administradores del sitio, por lo que son responsables por la información que se publique, y podrían ir a juicio oral.

                                                                            Foto: Internet
La Sala VI de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional procesó a los hermanos Hernán y Matías Botbol, fundadores del portal de descargas Taringa!, por violar 29 oportunidades el artículo 72 inciso A de la ley nº 11.723 de Propiedad Intelectual.
De esta forma, el juzgado en lo criminal 4 de la Ciudad de Buenos Aires consideró que los acusados fueron partícipes necesarios de ese delito, razón por la cual embargó sus bienes por 200.000 pesos y los intimó a que borraran los posts denunciado. Caso contrario, se procedería a la detención de los procesados.
Como defensa, los hermanos Botbol presentaron una apelación asegurando que “es imposible que determinen el contenido de las cargas y establezcan si violan los derechos de autor cuando diariamente, en promedio, se realizan veinte mil posts”.
Y agregaron que no tienen acceso al Registro Nacional de la Propiedad Intelectual para comprobar si se violan derechos de autor, y que el 23 de marzo de 2009 borraron esa publicación, pero otro usuario volvió a subir el mismo contenido.
Los camaristas Julio Marcelo Lucini y Mario Filozof indicaron que “siendo sus responsables al menos partícipes necesarios de la maniobra y además claros conocedores de su ilicitud, el convenio que exhiben para pretender exonerarse de responsabilidad no podrá ser tenido en cuenta”.
Además, los jueces señalaron que los hermanos Botbol reconocieron que son los administradores del sitio y, por lo tanto, son responsables de lo que allí se publique. No obstante, desestimaron la detención de los procesados.
La situación judicial de los implicados es comprometida y podrían ser llevados a Juicio Oral, lo cual sentaría un precedente muy importante en la Justicia argentina en cuanto al uso de los contenidos de Internet.
Fuente:  http://www.redusers.com/noticias/la-justicia-proceso-a-taringa-por-violar-la-propiedad-intelectual/

miércoles, 16 de mayo de 2012

Susurros esquizofrénicos




“Lex solo quiere jugar a saltar por la ventana, quieres venir Karina; nos invita a las dos, solo saltamos dice que es divertido, que vamos a volar”

Rizos oscuros cubren su rostro, ojos grises inquietos miran la nada, labios pálidos, cuerpo delgado recostado sobre un sillón sucio, un televisor apagado, risas tímidas que se ocultan detrás de una pequeña mano blanca, mientras la otra señala algo ausente que solo Melanie puede ver.

Blum, blum mátame” dice Melanie mientras pega un brinco al suelo, cae sentada, arrima su quijada sobre la mesa que esta frente a ella, mueve los ojos de un lado al otro como buscando algo que a perdido; empieza a dar pequeños golpes con su quijada tan repetitivos y acelerados, intento detenerla pero sus manos empiezan a dar pequeños golpes al vacio. Me alejo.

“No cuatro ya dije que no quiero saltar, dos me esta empujando Karina, solo quiero jugar”

Me acerco la abrazo, espero que se calme, llora, busco su medicina, no la toma, hace una rabieta tan fuerte que tira su medicamento por la ventana. Nuevamente intento calmarla me empuja, se sienta en el suelo bajo la ventana, me dice:

“Karina, cuatro insiste quiere que salte, dice que voy hacer al fin feliz, que voy a tener muchos juguetes y amigos. Yo quiero ir”

Me siento frente a ella, la miro fijamente, mis manos tiemblan, acaricio su cabeza, ella se sacude, sale corriendo intenta abrir la puerta, no puede abrirla la golpea con sus pies, llora. Su madre entra mira Melanie y la abraza. Al fin me puedo ir.

Olor entre medicamentos y ambiental de oficina, gente con batas blancas que corren de un lado a otro, subo las gradas que me llevan al tercer piso oficina 52, abro la puerta me siento en un sillón negro, saludo con el siquiatra Martin Ramos que trata a Melanie desde hace casi dos años.


Melanie, Melanie, Melanie, dice el siquiatra. Melanie es una niña de siete años diagnosticada con esquizofrenia paranoica. Se calla mientras su mirada muestra estar recordando algo.

La esquizofrenia infantil es muy difícil de detectar, aparece a los cinco años y tiene rasgos extremadamente comunes con el autismo, y solamente  en una evolución posterior, con la aparición de síntomas psicóticos, permite un diagnostico certero.

A partir de los cinco años Melanie presento un diagnostico claro con la presencia de síntomas psicóticos (alucinaciones, delirios). Mile dice que puede oír voces que vienen de la cabeza de la gente que le repiten que va ha morir. Para un instante busca papeles entre la mesa, me muestra un folleto que dice esquizofrenia infantil. Retoma la conversación.

 El comportamiento de un niño o de una niña con esquizofrenia puede cambiar lentamente con el paso del tiempo. Por ejemplo, los niños que disfrutaban relacionándose con otros niños de su edad pueden mostrarse tímidos y retraídos, como si vivieran en su propio mundo. A veces, comienzan a hablar de miedos e ideas extrañas. Pueden comenzar a aferrarse a sus padres y a decir cosas que no tienen mucho sentido, en el caso de Melanie su maestra fue la que vio los primeros síntomas esquizofrénicos: alucinaciones auditivas (voces que comentan, objetos que hablan, amigos imaginarios), ideas delirantes, delirio de persecución, lecturas de pensamiento, aislamiento, depresión, intentos de suicidio, consumo de sustancias tóxicas, hablar sola, etc.

Hay que tomar en cuenta que la enfermedad de  Mile tiene antecedentes familiares, es hereditaria. Su abuela paterna padeció de esquizofrenia paranoide, por lo tanto se puede predecir que cada tres generaciones existe la probabilidad de padecer dicha enfermedad. Termina diciendo el siquiatra.

Según datos que emite la revista Vistazo con el articulo esquizofrenia infantil. La esquizofrenia es una enfermedad mental que afecta a menos del un por ciento de la población infantil de todo el mundo. Es decir que afecta a unos 52 millones de niños, y se calcula  que cada año se diagnostica entre 5 y 10 casos de esquizofrenia infantil.

Nuevamente la labor me llama, ingreso a la sala fría, la mamá de Melanie me recibe me da las indicaciones de siempre: a las tres las pastillas Risperdal,  a las cuatro Clozaril,  a las siete Seroquel y Geodon para evitar los intentos de suicidio. Recuerda Karina: encaso de que Mile intente matarse me llamas al celular, y por favor dejo la vida  de mi hija en tus manos.  Cuídala”. Coge su bolso negro, se despide de Melanie con un beso en la frente, le susurra en el oído un pequeño te quiero.  Abre la puerta y se va.

Melanie y yo nos que damos solas, sus ojos grises me miran, agacha su cabeza muestra una pequeña sonrisa malévola, ríe, sale corriendo se trepa en la ventana, patea el cristal, se rompe y dice:

“Ya voy a saltar, ya voy a saltar, voy a jugar Lex me esta en pujando, voy a morir”
Canta Melanie  mientras salta por la ventana.

Por Karina Elizabeth Amari Lucero

Artista detrás de un disfraz


Son las 11:00 horas del jueves 25 de abril. Los carros y  buses se llenaban nuevamente de miles de estudiantes, trabajadores y artistas. Alejandro Mantilla era uno de ellos. El objetivo: llegar a la Plaza Italia y marchar a través de la Alameda por una educación de calidad y sin fines de lucro.
Para Alejandro, no era un día normal. Estudiantes de distintas facultades de la Universidad Pública y del propio sindicato de Actores (SIDARTE), le habían solicitado que interpretara a uno de sus personajes más conocidos, el presidente Salvador Allende. 

“No sabía cuál podría ser la reacción de la gente”,  me comenta el actor, tras beber un rico café en una cafetería que está ubicado en Mariana de Jesús, frente a la plaza Brasil, al norte de la cuidad.

“Al salir del carro en una estación de  buses, los transeúntes y usuarios del metro miraban mi interpretación del presidente Salvador Allende con cariño y respeto.  Vi cómo los niños les preguntaban a sus padres ¿Quién era ese señor? Sus progenitores con la emoción en sus ojos, les explicaban que era el presidente Allende”, recuerda con nostalgia el actor.
Alejandro sabía que tenía que marchar junto a los estandartes de SIDARTE, “pero la gente me llevó a la marcha y decían: Señor presidente marche delante de nosotros”.

Aquella mañana nadie sabía si el gobierno autorizaría la marcha.


Días anteriores el Ejecutivo había señalado que no permitiría ninguna manifestación por las calles de la cuidad, pero los porfiados hechos nuevamente darían vuelta la opinión de la autoridad: Miles de jóvenes copaban la Alameda.


Policías tuvieron que optar por dar un paso atrás, y tras la llamada de la Intendencia autorizó la marcha.

La prensa internacional nuevamente transmitía en vivo para todo el orbe la protesta estudiantil, a diferencia de los medios privados que trataban de disimular la noticia.

En tanto, Alejandro, perdón, el “presidente Allende” quien era acompañado de un joven “Miguel Enríquez”, eran saludados por los miles de  asistentes.

Al ver el cariño que tenían los manifestantes a los personajes que interpretábamos, nos relajamos”, relata Alejandro y agrega: “Que si podíamos marchar por la Alameda y pasar por el palacio de gobierno”.  

Al ser recibido por los comentarios de los presentes, un joven dice: “Gracias señor presidente por estar con nosotros” “Si usted estuviera vivo no estaríamos en esta situación”.

Medios de prensa nacionales e internacionales informaron la presencia del “presidente Salvador Allende en la marcha” y no fueron pocos los que entrevistaron al artista.

Para Alejandro Mantilla, su participación en la marcha fue: “Conmovedora y pude ver con distancia el peso histórico de la figura de Salvador Allende y lo que hizo su gobierno. Nunca pensé que jóvenes, después de 40 años del golpe de Estado en contra de su gobierno, conocieran de la vida y por sobre todo el respeto a su figura y legado”.

En tanto, la interpretación de Allende realizada por el actor, no fue repudiada. Sino, más bien, fue cariñosamente aplaudida por los asistentes.

El artista aclara: “Mi interpretación de Salvador Allende, no fue para figurar en la marcha. Está circunscrita en una investigación que he estado realizando desde hace un año y que partió con la obra “El Golpe” de Roberto Parra y de participar en la obra “Hamlet” en la universidad.

Al final, Alejandro reflexiona: “Actuaciones como esta me reafirman  como artista. Aunque no recibí dinero alguno, recibí lo que todo artista quiere. El respeto y consideración por una de las profesiones que menos cuenta con apoyo del sector privado o público. Para mí y mis colegas actores, recibir el cariño de la gente refuerza cada día más nuestro compromiso por el arte y la cultura la cual debe ser para todas y todos los ecuatorianos”.




Por Karina Amari y Franz Campoverde

Fotografía: Iván Gutiérrez Lozano